Café Tacvba: La catártica postal sonora que nos llega desde México

CTS
Foto: Universal Music Group

por Lola Zavala
Julio, 2013

Café Tacvba está a punto de celebrar sus bodas de plata. En este 2013, el cuarteto formado por Meme, Joselo, Quique y Rubén (ahora llamado K’Kame), cumple 24 años de estar unido y de proveernos de esa música tan suya (y tan nuestra). La música de Café Tacvba aglutina, de manera magistral, gran parte del bagaje musical de nuestro país. Se atrevieron con ello desde sus inicios -para enfado de los puristas- tanto del rock como de la música tradicional. Y aquí siguen, con una exitosa carrera y estrenando una nueva producción musical llamada El objeto antes llamado disco (producido por Gustavo Santaolalla), en la que se reinventan y experimentan, una vez más, con gran acierto.

El gozo continúa, a pesar de las arrugas, de las manos empolvadas, de algunas calvas y del largo recorrido. Café Tacvba consigue transportarnos a nuestra añorada tierra. Y qué quieren que les diga, estando fuera de México, se vive la experiencia con mucha mayor intensidad. No sólo porque nos suena a patria, sino porque también nosotros hemos recorrido con ellos ese largo camino de tantos años.

Sus canciones forman ya parte de la banda sonora de nuestras vidas y nos recuerdan, cómo no, historias propias y muy personales, pero también ajenas. Sin ir más lejos, me pregunto qué será de aquella chica banda de la Secu 23. Esa morra debe estar ya a punto de soplar la nada despreciable suma de cuarenta velitas.

Aprovechando la visita de Café Tacvba a Barcelona, tuve la oportunidad de entrevistar a Rubén. La única vez que lo había visto en persona fue hace como 20 años. Un día paseaba por la Lagunilla con una amiga y entre muebles antiguos, discos viejitos, lámparas y demás objetos propios de un tianguis como ese, lo vimos chachareando como cualquier ser humano que disfruta de su domingo. Nos acercamos vergonzosas a saludarlo y a pedirle un autógrafo. Y nos sorprendió ver lo agradable y sencillo que era, pues nos plantó un par de besos a cada una y nos dijo: ¿Cómo un autógrafo? Nel, mejor les paso mi teléfono. Nos reímos. Acabó escribiéndonos su firma en una bolsa de pan. No recuerdo si el teléfono estaba anotado. Lo que sí recuerdo es que, si el teléfono estaba, desgraciadamente nunca lo usamos. Pero la anécdota ahí quedó, para siempre. Y la sonrisa nos brota cada vez que nos acordamos.

Foto: Héctor Barajas
Foto: Héctor Barajas

Han pasado veinte años desde aquel encuentro y Rubén sigue conservando esa cercana calidez que lo hace una persona muy agradable, con la que se puede conversar como si fuera alguien que conocieras de toda la vida. Y aprovechamos para preguntarle si él también sufre de jamaicón, esa nostalgia por la patria que nos invade cuando pasamos mucho tiempo lejos de ella.

Sí, antes pasaba más.  Y es curioso. Hay lugares que aunque se piensen más lejanos en lo físico, a veces son más cercanos. Estoy pensando en el caso de cuando venimos acá a España. En esta ocasión, hasta ahora hemos estado nada más en Madrid. Fuimos a tocar a Formigal, pero tocamos e inmediatamente nos regresamos a Madrid. Y bueno, he comido frijoles, nopales, maíz, tortillas, es muy curioso. Y a lo que voy es que, yo sí creo en eso de que al mexicano la nostalgia le entra por el estómago. Pero la verdad es que a mí me encanta la comida española. Ahora como como vegano, digamos, entonces es un poco más difícil. Pero de todas maneras disfruto de la comida, en sí las legumbres y las verduras tienen un sabor muy rico y disfruto. Cosa que por ejemplo, cuando vamos a Argentina, que se podría pensar más cercana, pues tal vez la gastronomía es más lejana. Me imagino que es obvio, hay una conexión entre la gastronomía española y la mexicana.

¿Y en Japón?

En Japón sí que se extraña, sí, claro.

Hablando ahora del Objeto antes llamado disco, hay una canción, Olita del Altamar, que es un guiño a la música tradicional andina. Y yo me preguntaba si alguna vez han pensado en abrirse un poco más y abarcar músicas tradicionales de otras partes del mundo, por ejemplo, el flamenco de aquí, o las sardanas catalanas, o irse más allá hacia los Balcanes o incluso a África.

Sucede, como en esta ocasión sucedió con Olita, que no es que lo hayamos pensado, sino que sale. Es música de la cual nos vemos influenciados por viajes, porque vamos a los diferentes países y estamos expuestos a ello. Compramos música o nos recomiendan música. Entonces creemos que esa es la forma que tiene que ser. No tiene que ser tan pensado, sino que es algo espontáneo, de pronto sale la influencia y allí está.

Y hablabas hace un momento del tema de la comida y de la nostalgia. Los mexicanos que vivimos en el extranjero, traemos las  raíces al aire y la mexicanidad nos brota de manera muy evidente. La música que hace Café Tacvba es como un resumen  de todo el bagaje musical que hay en México y por ello es mucho más intenso vivir un concierto suyo fuera del país. Estamos, además, por cumplir las bodas de plata, lo que implica que no  solamente es una música con la que nos identificamos por ser de nuestra tierra sino que también nos recuerda nuestras propias historias personales. Sus canciones ya forman parte de la banda sonora de nuestras vidas. ¿Se dan cuenta de la ansiedad de este público mexicano en el extranjero? ¿Se aprecia esa nostalgia desde el escenario?

Rubén, mientras escucha la pregunta, coloca la mano en su pecho, en su corazón, ese gesto suyo tan característico, y responde sonriendo:

Foto: Héctor Barajas
Foto: Héctor Barajas

Sí, claro que nos damos cuenta. Son conciertos muy emocionantes, pues sabemos que de alguna forma es como que les llega una tarjeta postal de su lugar. Entonces disfrutamos mucho de esos conciertos, son intensos, pasan por toda la gama de emociones. Es muy bonito, siempre lo agradecemos y nos encanta. Nos encanta ser esa tarjeta postal e intentamos que la tarjeta sea bonita y que diga lo que cada quien quiere que diga. Lo que cada quien quiera escuchar o leer. Esa es la intención. De alguna forma nosotros como músicos utilizamos la energía de la música y para mí personalmente -yo creo que para todos-, es importante hacer pasar un buen momento a nuestro público. Que se liberen de sus problemas, de sus dolores, de sus tristezas, de sus preocupaciones, de sus angustias. Y que se liberen a la hora en que nosotros estamos tocando. Que saquen todo eso que les está pesando, que les estorba y que disfruten. Para mí es muy importante porque a la vez es un juego recíproco. Si el público se divierte, se libera y sana, se vuelve algo mutuo. Es una catarsis. Yo me libero en los conciertos, me olvido de quién soy, nada más estoy cantando, nada más estoy haciendo la música. Y eso es perfecto, es como una meditación.

¿Y qué es lo que veremos en los conciertos de esta gira?

Vamos a tocar canciones de todos nuestros discos, algunas canciones nuevas, pero no todo el disco. Esperamos regresar no mucho tiempo después para, ahora sí, hacer una presentación del último disco, con la gira del Objeto.

¿Y el formato será igual que en México?

Pues eso quisiéramos. Lo que pasa es que en México se diseñó un escenario especial. Estamos tocando adentro de un cubo y está muy difícil transportar todo el andamiaje de lo que es el concierto, entonces traeremos una versión.

Por la noche, el concierto en Barcelona fue, efectivamente, catártico. Pudimos comprobar aquello de pasar por todas las emociones. En segunda fila vi a una chica que pasaba, en segundos, del llanto a los brincos, del grito pelado al sollozo profundo (con mocos y todo), mientras su acompañante la miraba y la abrazaba un poco sorprendido. En la pausa, mientras esperábamos ansiosos a que la música continuara, no faltaron los entusiastas que corearon Cielito lindo y entonaron El Rey (¡!) agitando banderas tricolores. Al salir de nuevo, Rubén dijo que seguirían tocando bajo la condición de que todos nos diéramos un abrazo colectivo. Y nos lo dimos. A pesar de que todos estábamos sudando como cerdos. Fue un momento entrañable, aunque un tanto húmedo y bastante pegajoso.

La música continuó, el baile también y estoy segura de que muchos se acordaron de sus amores, perdidos o encontrados, y dejaron escapar una lagrimita, o varias, mientras Meme, muy sentido, nos cantaba Eres y estrenaba en Barcelona, la dulce y tierna Aprovéchate de mí.

Y nos quedamos felices, con el corazón agitado y a la espera de que nos llegue muy pronto otra tarjeta postal tan hermosa como esta, que traerá, seguramente, todas las canciones de este nuevo álbum. Listas para disfrutar otra vez, para sudar y liberarnos todos juntitos. Pero no revueltos, o quizá sí.

Y no me queda la menor duda, la chica de la Secu 23, ya no será tan morra, pero sigue siendo banda.

Fotos: Lola Zavala
Fotos: Lola Zavala

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