Ibrahim Ferrer, el bolerista que nació en una pista de baile

por Lola Zavala

Su madre lo trajo al mundo, el 20 de febrero de 1927, en medio de una pista de baile de Santiago de Cuba. Así nació, entre el placer y la lucha, entre el son y el dolor. Y así vivió toda su vida: entre la música y la sombra, entre el gozo y la miseria.

Quedó huérfano a la edad de 12 años. Dejó la escuela por la calle y vendió caramelos y palomitas de maíz para poder sobrevivir. No pudo ser médico, aunque lo deseó con ganas, después de haber caído gravemente enfermo de tétanos. Pero no dejó la música, se aferró a ella. La amaba. Lo había visto nacer, lo había parido.

Consiguió formar un grupo para amenizar fiestas y llegó a cantar en orquestas importantísimas de la época, como la del gran Benny Moré. Pero siempre estuvo a la sombra. Sus compañeros lo dejaban de lado y perdió el entusiasmo. Creía que tenía una maldición. Se retiró.

Regresó a las calles, boleaba zapatos, vendía billetes de lotería. Vivía triste en una pensión. Pero está claro que la música, esa fiel compañera, no lo iba a abandonar. Una tarde, durante las sesiones de grabación del Buena Vista Social Club, Ry Cooder pidió una voz más suave para el bolero. Uno de sus amigos se acordó inmediatamente de Ibrahim. Fue a buscarlo y le rogó que grabara con ellos. Dejó los zapatos que estaba lustrando, llegó al estudio y cantó ésta maravilla: Dos gardenias. ‪‎Así fue como Ibrahim Ferrer renació a los 64 años.

Falleció el 6 de agosto de 2005, a los 78, después de haber estado de gira por todo el mundo, regalando su hermosa voz, cadenciosa y suave. Una voz que sigue brillando, que aún nos acaricia y nos da un cálido abrazo cada vez que lo escuchamos, aunque él ya no esté físicamente aquí.

Hoy traemos Gardenias para Ibrahim, para ese maravilloso bolerista, para ese hombre flaco como figurita de alambre pero bien llenito de amor y de música.

¡Te adoramos Ibrahim!

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