Tango rojo besos rojos

por Sergio Ferreira Eran cinco los de la escuadra negra que entraron con fusiles y gritos marciales, derribando la puerta de calle de la casa solariega del falangista Luis Rosales. Buscaban a Federico García Lorca. Los informes confidenciales decían que el poeta se ocultaba allí y allí justamente lo encontraron, en la penumbra, debajo de una cama, temblando. Los rizos negros le caían sobre la frente, vestía una camisa blanca sola, su pantalón era negro y demasiado grande. Sus ojos también. La orden había emanado…

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