El viaje eterno de Remedios Varo

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 …Con la misma violencia invisible del viento al dispersar las nubes pero con mayor delicadeza, como si pintase con la mirada y no con las manos, Remedios despeja la tela y sobre su superficie transparente acumula claridades…Octavio Paz

por Lola Zavala

0remediosvarofLa huella que dejó está en México, pero ella en realidad nació en España, en un pueblito catalán llamado Anglès, en la provincia de Girona, el 16 de diciembre de 1908. Sus padres, andaluz él, del País Vasco ella, la llamaron María de los Remedios Varo y Uranga.

Su infancia transcurrió en una sociedad tradicional pero salpicada de arte e ingeniería, herencia de su padre. Vivió en un mundo donde las mujeres se dedicaban a la costura y al trabajo duro, pero también en el seno de una familia que viajaba mucho, pues su padre era un ingeniero especializado en obras hidráulicas. Con él aprendió dibujo técnico y fue quien la apoyó para acudir a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.

Se casó en 1930 con Gerardo Lizárraga, compañero de estudios en la academia, y vivió con él en París y en Barcelona. Su interés se centró en la pintura vanguardista, que compartió con Esteban Francés. En 1935 realizó con él una serie de obras siguiendo la técnica del cadáver exquisito.

Durante la guerra civil española, Remedios optó por el lado republicano. Durante este período conoció al poeta Benjamín Péret y partió con él a París. Estando ahí se relacionó con Max Ernst y René Magritte y conoció a la también pintora Leonora Carrington, con quien estableció una profunda amistad que conservaría durante toda su vida.

En 1940, Péret fue encarcelado por sus actividades políticas y Remedios fue detenida también, por ser su compañera. Su confinamiento duró varios meses. Tiempo después marchó a Marsella y, más tarde, se reunió con ella Péret.

Gracias al gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas, que ofrecía protección a los exiliados españoles, Remedios y Péret se asilaron en México en diciembre de 1941.

Amibiasis, Remedios Varo, 1947
Amibiasis, Remedios Varo, 1947
Paludismo, Remedios Varo, 1947
Paludismo, Remedios Varo, 1947

En 1947 se separó de Péret y partió a Venezuela, en una expedición científica. Ahí, además de su trabajo de ilustradora entomológica, envió carteles publicitarios para Bayer.

En 1949 retornó a México, donde continuó con su labor de ilustradora publicitaria, hasta que en 1952 se casó con el austríaco Walter Gruen, quien la convenció y apoyó para que se dedicase exclusivamente a la pintura.

En 1955 le llegó el reconocimiento, tanto a nivel popular como de crítica, tras su exposición individual en la Galería Diana en la Ciudad de México. Y en 1962 montó una segunda exposición individual en la Galería Juan Martín.

Valle de la luna, Remedios Varo, 1950.
Valle de la luna, Remedios Varo, 1950.
Mujer o el espíritu de la noche, Remedios Varo, 1952
Mujer o el espíritu de la noche, Remedios Varo, 1952

Durante su estancia en México, conoció personalmente a Frida Kahlo y a Diego Rivera, pero estableció nexos de amistad más fuertes con otros intelectuales también exiliados, como Gerardo Lizárraga, Gunther Gerszo, Kati Horna, Chiki Weisz y Leonora Carrington, además de con Octavio Paz, quien fue un gran admirador de su obra.

Su vida, así pues, transcurrió siempre recorriendo el mundo, unas veces por gusto, otras por necesidad; se paseó por muchas geografías, entre la vanguardia y la guerra, entre amores y texturas. Fijó su residencia en México, donde creó la mayor parte de su obra y a través de la que siguió viajando, entre mundos oníricos y personajes fantásticos. Esos fueron sus refugios y sus remedios. Los llenó de luz, de sombras, de palabras, de máquinas imposibles, de colores y de sueños. Remedios pintó, dibujó y también escribió relatos y cartas a seres imaginarios. Y todo eso lo siguió haciendo hasta el 8 de octubre de 1963, el fatídico día en el que su corazón dejó de latir, sus alas se desplegaron y voló hacia otra luz.

Creación del mundo o microcosmos, Remedios Varo, 1958
Creación del mundo o microcosmos, Remedios Varo, 1958

Remedios, sin embargo, aún vive entre nosotros y nos lleva a esos mundos, tan suyos, tan imaginarios y etéreos, en donde ella respira, canta y maúlla, dorada y eterna, cada vez que nuestros ojos se posan en un cuadro suyo.

Animal fantástico, 1959
Animal fantástico, 1959

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