Amorcito corazón

 

Ilustración: Lola Zavala
Ilustración: Lola Zavala

por Lola Zavala

Mazatlán, Sinaloa, México, 18 de noviembre de 1917, 2:30 am. Doña Refugio Cruz Aranda, Cuquita en el ámbito cariñoso y familiar, da a luz a su cuarto hijo.

– ¿Y cómo le ponemos? Preguntó, quizá, el orgulloso padre de la criatura, Don Delfino Infante García.
– Pues, pongámosle Pedro. Pedrito.

En aquel momento no sabían, no podían saber ni imaginar, que ese adorable pequeño sería de mayor un hombre mundialmente famoso. Que sería un ídolo de masas, que enamoraría con sus, no pocos, encantos a las industrias de la música y del cine y a un montón de muchachas. Que la desgracia de su temprana muerte, a los 39 años en 1957, la lloraría desconsoladamente un país entero que se negaría durante años a creer que de verdad había fallecido. Muchos, invadidos de esperanza, asegurarían que los pedazos de carne ennegrecida que encontraron, tras aquel terrible accidente de aviación, eran de otro.

Pero, antes de todo eso, la familia se mudó a Guamúchil. Ahí Pedro, siendo aún un niño, trabajó como recadero y más tarde, de la mano de su abuelo Eleno aprendió carpintería. Decía con orgullo que ese era el “oficio de Cristo” y lo conservó durante toda su vida como afición. La música, una herencia de su padre, le chiflaba tanto que hasta se construyó en el taller de su abuelo su propia guitarra. Formó una banda, de la que él era el vocalista, con la que recorrió los cabarets de Guamúchil cobrando 10 centavos por canción.

En 1939 Pedro contaba con tan sólo 23 años, algunos tórridos romances e hijos propios y ajenos, cuando empezó su carrera como actor. Una carrera frondosa que lo llevaría a la cima del éxito. De la mano de un talentoso y audaz director, Ismael Rodríguez, Pedro Infante se convirtió en uno de los más grandes ídolos del cine mexicano. Caracterizó a inolvidables personajes y consiguió hacerlos brillar con su simpatía, sus canciones, su picardía y sus amores. Sin olvidar su forma entrañable de silbar, que resuena como un eco eterno cuando recordamos una de sus canciones más famosas: Amorcito corazón…

Foto: Archivo Tomás Montero Torres (1947)

 

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