Si sobrevives

Ilustración: Lola Zavala

Jaime Sabines

Si sobrevives

Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.

Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate. El viento de las horas
barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,
este es el tiempo de vivir, el único.

La Luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

Tu nombre

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.

Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.

Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.

Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.


¡Qué costumbre tan salvaje!

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlos a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.


Jaime Sabines, 19 años sin él. ¡Qué gusto nos daría que de pronto, nuestro querido poeta se levantara a vivir y nos regalara otra hermosa tarde de sus poemas recitados en su propia voz! Escucharlo en medio de una multitud que encantada bebía de sus palabras es uno esos recuerdos-tesoros que se graban para siempre en la memoria. Inolvidable Sabines.

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Jaime Sabines Gutiérrez Nació el 25 de marzo de 1926, en Tuxtla Gutiérrez, estado de Chiapas (México) y murió en la Ciudad de México el 19 de marzo de 1999. Es considerado uno de los más grandes poetas mexicanos del siglo XX.

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