El dragón vegetariano

por Lola Zavala

Ilustración: Lola Zavala
Ilustración: Lola Zavala

El dragón de la leyenda de Sant Jordi, murió derrotado por el caballero. Era un dragón malvado que tenía la mala costumbre de comerse a las personas. Una cada día, sin miramientos y sin tocarse el corazón. Cuando el caballero Jordi lo mató, de su sangre surgió un frondoso rosal color carmín.

El dragón de este cuento tenía el mismo destino que aquél feroz pariente suyo. Pero su suerte dio un vuelco: primero porque era vegetariano, segundo porque no era nada feroz y tercero porque era un romántico que ofreció dar su sangre para llenar el pueblo de rosas cada 23 de abril. Lo ofreció así porque secretamente amaba a la princesa y tenía el plan de formar con ella una familia de la que surgiría una nueva especie de humanos-reptiles.

No pudo ser. A la princesa le pareció que era un dragón poco agraciado y, además, maloliente. Y eso que él prometió lavarse religiosamente los dientes y las axilas, cada día, con jabón y sin falta. Ni así.

Pero salvó la vida. Vive retozando, leyendo -es fanático de las novelas románticas- y comiendo hierbas y aromáticas flores.

No puede volar, pues le sobran muchos kilos. Bien dicen por ahí que las penas con pan son menos. Y este dragón evita así la tristeza y batalla contra su mal de amores.

Sus eructos son tan frecuentes como extraordinarios: no apestan y llenan de rosas rojas por allá a donde va. Él se queja un poco, las espinas le causan heridas en las encías…

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