Corazón de mezquite

La directora Ana Laura Calderón en La Social, en Barcelona, durante la entrevista. Foto: Lola Zavala

por Lola Zavala

Entrevistamos a Ana Laura Calderón, la directora de la película Corazón de mezquite, que se proyectó el pasado viernes 15 de octubre, en Barcelona, en el Cine Club de barrio y que contó con el lujo de su presencia

Corazón de mezquite fue grabada en La Bocana, Sonora, en el norte de México. Participaron en ella miembros de la comunidad yoreme, también conocida como mayo, quienes generosamente abrieron las puertas de sus casas, de su intimidad y de sus corazones para participar en esta película y así abrir una ventana a su hermoso mundo lleno de tradiciones y de personas entrañables.

Lucía es una niña que desea aprender a tocar el arpa para quitarle la tristeza a su padre viudo, pero en su comunidad está prohibido que una mujer toque ese instrumento. Mayrin Buitimea, la niña que encarna a Lucía, perdió a su madre durante el rodaje y aún así decidió continuar con la grabación de la película. Ambas, Mayrin y Lucía, nos conmueven y nos emocionan en su lucha por alcanzar lo que desean, superando las dificultades que se encuentran en el camino. 

¿Cómo empezó la idea de hacer esta película?

Hace muchos años me invitaron a hacer el registro de unas actividades de unos antropólogos en comunidades del norte de México, la que me invitó fue Ana Paula Pintado Cortina, que es la guionista de esta película. Fuimos a visitar a los tarahumaras, estuvimos con los guarijíos y también con los mayos. Y llegamos con un danzante de pascola, que era uno de los grandes guardianes de la tradición, que nos habló de las fiestas tradicionales y empezó a decir: el arpero, el violín, el danzante, el, el, el, el… Y yo, que soy muy chismosa, le pregunté: bueno, ¿no hay «la»? Y me decía: ¿qué? No entendía cuál era la pregunta. No podía concebir que yo le estuviera preguntando algo así. Después de un rato, le volví a insistir y me dijo: bueno, ya, niña: hace mucho tiempo existió una mujer arpera pero fue en la época de la Revolución. Y yo: ¿y cómo se llamaba? ¿Y dónde vivía? Entonces me dijo que vivía en Pueblo Viejo. 

Al día siguiente teníamos el día libre, así que yo le dije al equipo que me iba a investigar acerca de esta mujer. Si alguien me quiere acompañar bien y si no, pues también. Así que, muy chistoso, los hombres decidieron quedarse en Huatabampo y las mujeres nos fuimos a investigar. Primero llegamos con unos viejitos en Pueblo Viejo, que eran los únicos y hablaban solamente el idioma local, así que tuvimos que buscar un traductor. Nos mandaron a otro pueblo y luego a otro pueblo. Al final encontramos a las sobrinas nietas de esta arpera. Eran unas hermanas que se dedicaban a leer las cartas y ellas nos contaron que esta mujer murió sola y triste, apartada de la sociedad por luchar por lo que ella quería. Y yo le dije a Ana Paula: aquí hay una película. Pero cuando empezamos a hablar de ella no quisimos que nuestra protagonista tuviera ese fatal destino. Entonces decidimos que sería mejor a través del punto de vista de una niña en la época actual y dejamos a esta arpera como si fuera una leyenda, aunque basada en una historia real. Y los personajes de esta película también están basados en personajes reales porque las sobrinas nietas de esta arpera aparecen en la película también como brujas. 

¿Cómo fue la elección de los actores?

Alberta Yocupicio, en el papel de la abuela Alejandrina

Bueno, si te fijas, el casting está conformado la mayoría por actores naturales, o sea, gente de la comunidad y solamente hay un actor profesional. El actor profesional era un poco plan con maña para tener un cómplice dentro del set que pudiera ayudarme a cachar el balón y echármelo de vuelta, por decirlo de alguna manera. Porque yo no sabía a qué me iba a enfrentar. 

Cuando yo estaba filmando mi primera película me quedé embarazada. Y a los tres o cuatro meses de eso me dieron el fondo para hacer esta película. Entonces el productor, Milko Luis Coronel, se acercó y me dijo:  mira, Ana, yo soy papá y está cañón tener hijos y como mamá está mucho más cañón. Así que entiendo si prefieres no dirigirla y te quedas como productora y buscamos a alguien que la dirija. Y yo le dije: No, cómo crees. Yo sí puedo. Claro que yo me moría de miedo y claro que no sabía si iba a poder o no. Pero me dije: no voy a dejar un proyecto con el que llevo siete años. Tengo que poder. Total que mi hija nació en enero, de ese año que filmamos, que fue 2018. Entonces yo hablé con todas mis amigas que son mamás y me dijeron: si quieres llevar a tu hija al set, que es lo que quieres, tienes que hacerlo cuando ella tenga entre 4 y 6 meses. Porque antes de los 4 es muy bebé y después de los 6 ya gatea y entonces ya valiste. Lo que pasa es que justo el periodo de entre los 4 y los 6 meses de mi hija coincidía con la época de canícula en Sonora, la más caliente. Pero decidimos hacerlo así igualmente.

Julio Valenzuela en el papel del abuelo Regino

Yo no me pude ir tanto tiempo antes a preparar la película, pero mandamos una avanzada. Mandamos a Pablo Sanchez Pichardo, que es un antropólogo especialista en esa región, que nos abrió las puertas. Conocía a la gente, desde hace veinte años, y el empezó a ayudar con el casting, a conseguir gente con los perfiles que necesitábamos. El abuelo, el violín, la abuela, etc. Se fue con María Inés Pintado y Osvaldo Villafañe, que fueron los que hicieron el casting. Me mandaban videos y a partir de ahí hicimos un filtro. Y cuando yo pude ir, ya teníamos una preselección hecha y así ya seleccionamos al elegido para cada uno de los papeles. 

Julio Valenzuela es el que hace de abuelo Regino. Don Julio es un violín mayor y es uno de los guardianes más importantes de la comunidad. Y cuando hacíamos el casting todo el mundo decía: es que este señor no porque no se le entiende muy bien y yo decía bueno, me da igual que no se le entienda, transmite con su expresión todo lo que tiene que transmitir y eso para mí es lo más importante. Además de que era también muy importante que una gran personalidad dentro de la comunidad participara en la película. Lo que pasa es que lo que él toca es el violín, entonces hubo que darle unas clases de arpa para que tocara el arpa también. Así que tanto él, como Mayrin, la niña, y Ianis, el que hace de su padre, tomaron clases de arpa previas a la película para que más o menos pareciera que la tocaban. 

Lucía y Fidel, encarnados por la niña yoreme Mayrin Buitimea y el actor profesional Ianis Guerrero

¿Los participantes en la película ya la vieron? ¿Cómo fue la experiencia?

No la han visto. Nos cayó la pandemia. Estrenaremos en salas en México y la idea, por la que estamos luchando, es llevar la película a esa zona específica de Sonora. Llevarles la película que ellos mismos hicieron. Estamos buscando apoyos para poderlos llevar a la presentación, porque no toda la gente vive en el mismo lugar. 

Las locaciones en la película, por ejemplo las casas, son auténticas. ¿Puedes hablarnos de eso?

Sí, la idea era dejar una pequeña derrama económica en el lugar. Todos los que participaron como actores tuvieron una contraprestación y la gente que rentó su casa, su jarrito, su cuchara, sus ollas, su ropa etc. , también tuvieron una retribución. Sus casas son de adobe y en época de calor, que es cuando fuimos, no se puede dormir dentro. Sacan catres al exterior y ahí es donde duermen. Por eso tuvimos la suerte de poder «invadir» con su permiso sus casas ya que realmente no las estaban ocupando. 

Además no solamente actúan en la película, sino también son parte del staff, ayudaron a hacer el catering, ayudaron como asistentes de arte, de vestuario, de maquillaje. Muchas de las personas de esta comunidad trabajan en la siembra y justo en la época que fuimos muchas no tenían trabajo por lo que pudieron ayudarnos y recibir una contribución por su participación.   

¿Y qué otras dificultades tuviste estando recién estrenada en la maternidad?

Era super complicado. La edición fue compleja porque tienes que sacar el brillo de las actuaciones lo más que puedas y cuando empezaron a editar estaba mi bebé llorando en varios momentos en el sonido de la película. Luego, pues hacía un calor tremendo y las camionetas no tenían aire acondicionado como deberían de tenerlo y entonces abríamos las ventanas pero entonces dejábamos a todos empanizados, mi bebé incluida. 

¿Qué dirías que fue lo más satisfactorio de este proyecto?

Son varias cosas. A nivel personal, el haber logrado hacerlo con mi hija. Y demostrarme a mí que sí se puede ser mamá y hacer lo que uno quiere en la vida. Creo que para mí eso no tiene precio. Pero, sobre todo, ahora que ya la han visto más mujeres y que esta foto mía anda circulando por ahí, me han dicho mucho que soy un ejemplo a seguir. Por ejemplo, cineastas jóvenes, me han dicho: nos estás dando una lección de que sí podemos hacer lo que queremos hacer, ser mamás y seguir haciendo nuestra carrera. Por lo que para mí, a nivel personal, eso es lo más enriquecedor.

A mi hija le hicimos una cuna de carrizo, la colgamos en un árbol y ahí se quedaba. Yo la observaba viendo los árboles y la naturaleza en general y yo digo que eso le va a marcar la vida. No se de qué manera todavía, porque es muy pequeña, pero yo creo que a ella le va a dar una cosa distinta en su vida. 

La bebé de Ana Laura Calderón en su cuna de carrizo, junto a los niños actores, Mayrin Buitimea y Camilo Yocupicio. Foto cortesía de Ana Laura Calderón.

Luego, pues también, lo de la comunidad y su generosidad de abrirte las puertas de sus casas, de sus vidas, de su intimidad, de absolutamente todo, son lecciones que uno también va aprendiendo. Porque normalmente el cine llega e invade y después destruye. Y nosotros lo que hicimos, desde el principio, fue la propuesta de llegar y abrazarnos todos. Y eso fue lo que hicimos con esta película. 

La película se ha visto en varios festivales y la gente reacciona tan bonito, por ejemplo, la semana pasada estuvo en el festival iberoamericano de Arabia Saudita. En ese país donde la mujer no tiene un lugar y, de repente, esta película va y abre ahí, para mí no tiene precio. Entonces creo que han sido muchos aprendizajes. También para Mayrín, la protagonista, porque su mami se murió en la mitad del rodaje. Fue rudísimo, sobre todo para ella, pero al tercer día ella misma dijo: quiero seguir. Qué entereza, qué fuerza y qué todo, esta niña, y la verdad es que es un ejemplo a seguir. 

Llama la atención y es maravilloso darte cuenta de lo que una película, de un rinconcito tan pequeñito en este país tan inmenso como es México, puede hacer, como tocar corazones en todo el mundo y que sea, finalmente, una película con un relato universal, con valores universales. 

¿Y el título? Cuéntanos

Sí, mezquite es el árbol. Es un árbol sagrado para la comunidad. Ellos tienen unas cruces, ¿te acuerdas que en la película que hay unas cruces frente a sus casas? Pues están hechas de mezquite, para protección. También lo usan en té, para quitar la tristeza. También usan rosarios hechos de este árbol y después nos enteramos de que las arpas que usan también están hechas de madera de mezquite. Así pues, finalmente, Lucía tiene el corazón de mezquite. 

Esta pregunta se la hago a todas las personas que entrevisto cuando están fuera de su país. Así que aquí va, también para ti:  ¿Qué es lo que echas de menos cuando estás fuera de México?

Por ahora todavía no me pasa porque no vivo aquí. Pero cuando estoy fuera: mis papás. Mi abuelita. Siempre es la familia la que jala, no la comida. Yo no extraño nada de eso. Yo extraño a la gente. 

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Corazón de mezquite, es la historia de Lucía, niña yoreme y lo que más quiere en la vida es tocar el arpa. En su comunidad está prohibido que las mujeres toquen el arpa porque representa a la mujer por lo que una mujer no puede tocar a otra. A pesar de todo ello, el abuelo le enseña a escondidas.
Las fiestas se acercan y Fidel es gravemente herido. El abuelo tiene que irse a trabajar. El pueblo está muy preocupado, no hay nadie más que pueda tocar el arpa…

 

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